viernes, 5 de mayo de 2017

La (re)vuelta de los clásicos



Queridos clásicos:
Intentar definiros sería como pretender cruzar el Pacífico en una balsa hinchable llena de agujeros. Hay quién dice de vosotros que sois la esencia de la literatura actual, la sangre que hubo de derramarse para que otros tuviesen un hilo del que tirar. Pero también tenéis vuestros detractores. Esos que dicen que sois morralla, aburrimiento y que os habéis llevado una fama inmerecida.
No quiero definiros y, a la vez, necesito hacerlo. Tampoco quiero caer en los tópicos aunque no encuentro otra manera de hacerlo que repitiendo lo que ya se ha dicho de vosotros. Rosa montero dice en ‘El amor de mi vida’: [...] son esos libros inabarcables y tenaces que, aunque pasen las décadas y los siglos, siguen susurrándonos cosas al oído. Esa es, sin duda, la esencia de un clásico. Sus tramas no pasan de moda (y no me refiero solo a la parte literaria), ya que las bases en las que están apoyadas son de una solidez aplastante. Os pongo algún ejemplo:
Hace algo más de un siglo ‘Veinte mil leguas de viaje submarino’ cosechó grandes críticas (positivas y negativas; porque nunca llueve a gusto de todos) por ser una mezcla de novela de aventuras y ciencia ficción, pero hoy ese submarino es real y también hay por ahí algún que otro capitán Nemo. A mediados del siglo pasado George Owell publicó ‘1984’, una distopía que se basa en un desconocido que vigila los movimientos de toda una sociedad para que nada ni nadie se salga del cuadro que él ha pintado, algo que no ha tardado mucho en ser una posibilidad muy cercana a la realidad. En 1973, el grandísimo Michael Ende nos regaló ‘Momo’, distopía infantil que nos habla de como perdemos el tiempo en banalidades y como dejamos que nos lo roben.
Y hablando de robar el tiempo ¿recordais las listas de lecturas obligatorias? Todos hemos sentido escalofríos cuando al empezar el curso nos daban la famosa lista (sí, los lectores también. Somos mortales, al fin y al cabo), ya que traían consigo a los temidos, odiados y en algún extraño caso, como el mío, esperados libros clásicos. Las esperaba con tantas ganas que cuando leía nombres como Bécquer, Lope de Vega o Cervantes me revolvía incómoda en la silla y me daban sudores. ¿El motivo? Ya eran viejos conocidos. Y yo quería mundos viejos, pero nuevos para mí.
Recomendar a un lector un clásico es como plantarse en mitad de un tiroteo y esperar que ninguna bala te toque. La realidad es que estás buscando la bala que lleva tu nombre, pero la satisfacción de escuchar: ‘pues me ha encantado’, te cose la cicatriz. Italo Calvino decía: ‘Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad’. No tengo nada que añadir.
Y queriendo hacer volver a la mula al trigo, os cuento que me crié en una casa en la que vivían seis personas más, ninguna de ellas leía por lo que solo tenía a mano los libros de lectura obligatoria de mis hermanos mayores. Libros que eran leídos para los trabajos de clase y después eran abandonados en una caja. De esa caja nació mi amor a este género. ‘El camino’ de Miguel Delibes y ‘Los escarabajos vuelan al atardecer’ de María Gripe fueron devorados sin piedad durante los largos, tórridos y salvajes veranos extremeños. Pero también tuve pesadillas por culpa de las leyendas de Bécquer y me sacaba de quicio la lírica de Lope de Vega. Por eso la entrega de las dichosas listas acabaron siendo mi momento favorito del curso. Tachaba los ya leídos y me iba directa a por los que se mostraban nuevos y relucientes para mí.
¿Y a qué viene todo este discurso? Pues al simple hecho de que los clásicos os estáis revolviendo, gritando un aquí estoy imposible de ignorar. En un siglo en el que publicar un libro ya no depende del respaldo de una editorial, donde las novedades te aturullan y la oferta literaria se desmadra muchos huimos despavoridos a refugiarnos en la apacible y extraña paz que dais esos libros que todos conocemos, que llevan años invadiendo nuestro espacio, nuestra lista de eternos pendientes. Los hemos cogido, manoseado y devuelto a su lugar porque si llevan décadas esperando, que más da una semana más. Pero entre tanto autor nuevo y tantas terceras partes de historias que ya pensábamos cerradas, los clásicos habéis iniciado vuestra reconquista ofreciéndonos una mirada nueva a lo que ahora vivimos. Porque muy pocas de las cosas que suceden (y de las que se escriben) hoy son realmente nuevas.
Mis queridos clásicos, creo que a pesar de mis intentos no conseguiré convencer a muchos de que estáis ahí desde siempre para revolvernos el pelo, las enaguas y curarnos algunas heridas. Me conformo con que tan solo uno decide sacar de su encierro a Darcy y Bonnet para enamorarse; a Bastián y Fuyur para volar por toda Fantasía; para ayudar a Momo y Casiopea a luchar contra los Hombres Grises; a la familia Buendía; a Ana Ozores; a Lolita; o para escuchar decir a Sherlock: 'Elemental, mi querido Watson'; para amar Frankenstein o salir a investigar con Guillermo de Baskerville. De una manera o de otra, vosotros solos os bastáis para iniciar una y otra vez vuestra (re)vuelta.
Laura.

4 comentarios:

  1. Completamente de acuerdo. Los clásicos nunca van a pasar de moda y, te gusten más o menos, siempre habrá alguno que saque de ti algún tipo de sentimiento que los libros de ahora no consiguen (la gran mayoría al menos).
    Yo soy escritora autopublicada y ni de lejos me comparo con los clásicos porque es imposible. Son tan especiales, tan... geniales. Es que no me cansaría nunca de leerlos.
    Una entrada estupenda que debería ser leída por mucha gente que sigue sin comprenderlo.
    Un saludo desde A medio kilómetro.

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    1. A veces nos olvidamos de que sin los clásicos no existiría casi nada de lo que leemos. Dan Brown no inventó el thriller y Moccia no inventó la novela romántica.

      Muchas gracias por tu comentario y por estar por aquí.
      Un beso,
      Laura.

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  2. Hola Laura!
    Muy de acuerdo. Normalmente nos volvemos locos con las novedades, deseamos leer lo antes posible todo lo nuevo, pero deberíamos dar una oportunidad siempre a los clásicos (aunque también estaría bien debatir qué es un clásico). Yo intento leer al menos uno o dos clásicos al año pero también tengo que reconocer que me da algo de pereza porque normalmente me suelen parecer más lentos y a veces me cuestan mucho. Por ejemplo, he intentado leer '1984' y no he podido con él. Puede que no fuera el momento, no sé, pero intentaré volver a cogerlo en un futuro.

    Un saludo

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    1. No suelo leer las novedades, con algunas excepciones, suelo esperar a que pase la emoción y el barullo que se monta con algunos libros. Mis primeras lecturas fueron clásicos como has podido leer y a ellos les debo mi amor por la literatura.
      ¿Debatir qué es un clásico? Creo que eso es tan difícil como que no te toque la bala en el tiroteo que menciono arriba.
      Muchas gracias por el comentario.
      Un abrazo,
      Laura.

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